Mi primer viaje en Trole

Las cincuenta personas apretujadas afuera de la puerta del Trole circuito dos me devolvió a la realidad: dejaré de usar el Ecovia y ahora mi nueva forma de transporte después de dejar la bicicleta en el estacionamiento será el Trole.


Gracias a un caballero de terno pude sentarme minutos después de subir, le agradecí en ese momento y le agradecí en silencio mientras en la parada Mariana de Jesús el espacio entre cuerpos desaparecía al ingreso de nuevos pasajeros.

En mi primer día del año usando este servicio las novedades fueron un ciego y un cantante, desde mi asiento compadecía a estos dos personajes mientras cruzaban los corredores, corredores estrechos y llenos de gente a las 8y30 de la mañana.

Estación la Y hasta parada Chimbacalle mi nuevo recorrido encima de un transporte público.

Plano general, lluvia

Fotografía de Carlos Pozo 

Plano general, una joven con un gorro de lana sentada en el último asiento de un autobús, dolly in hasta llegar al rostro de la joven, plano subjetivo de la ventana del bus completamente mojada, (da a entender que afuera llueve), plano subjetivo de asiento delantero donde un pasajero está recostado, plano subjetivo de piso de bus, plano subjetivo de techo de bus, plano subjetivo de las botas mojadas de la joven, plano subjetivo, de ventana, plano subjetivo de asiento, plano subjetivo de piso, breves segundo de estos planos con el fin de demostrar la desesperación de aquella joven encerrada en un bus.

Plano general de bus, joven sentada en asiento trasero, plano americano de la joven frotando sus manos, plano medio de la joven con la cabeza arrimada al espaldar del asiento con cara de desesperación.

Plano general de bus, la joven en desenfoque, el bus se detiene, plano americano de un señor empapado subiendo al bus, plano medio de la joven, la joven grita, -bájese, bájese, no se suba esto es un infierno, ¡no se suba!

Plano americano de la joven sentada en la última fila del bus, afuera llueve, el bus no se mueve, ella no puede ver nada más que las luces de los autos de afuera, no es capaz de gritar, no es capaz de moverse.
¿claustrofobia? ¿miedo a la lluvia? ¿guión de un corto sobre el transporte público? No, eso es lo que siento cada vez que subo a un bus y afuera llueve y el tráfico no le permite avanzar, y no puedo bajar, y no puedo abrir la ventana, y no puedo gritar, y me asfixio, y tengo miedo y no puedo ver nada porque los vidrios están cubiertos de lluvia.

la imagen más bella

Llorre al salir de casa como la primerva vez que fui, no me llevé más que ese abrazo y la seguridad de no perderte. El camino que me aleja es largo, contribuye con la tristeza. Cuando faltaban 45 minutos para llegar te vi y me vi.
El único lugar para encontrar seguridad en un bus que me lleva a donde no quiero ir es tu estómago, me sujeto de ti, apoyo mi  cabeza en ti y cierro mis ojos.

La imagen más bella de ese domingo en el bus fue verte.

Se fue el bus

Se me fue el bus o yo me fui con él. No se si dejé de pensar o mis pensamientos no me dejaron abandonarlos, me detuvieron en ese asiento mirando el piso, mientras esas botas negras se apoyaban a un pedazo de hierro. Pero recuerdo todo, nada era caótico más que la inconstancia de mi corazón, la gente estaba calmada, el movimiento del bus me arrullaba, por primera vez no quería salir, no quiero. No quiero mirar la estación del Trole, no quiero salir y empujar a toda esa gente para dejar el bus, no quiero enfrentar la calle otra vez, quiero estar en el bus y mirar el inconstante golpe de esas botas negras, en ese lugar no era un pecado la inconstancia de mi corazón.

Tipos de pasajeros

Quienes duermen acurrucados, y hacen del frío espaldar su cómoda almohada. - Señorita, señorita, señorita, pasaje. En toda historia donde existe una bella durmiente no puede faltar el príncipe, pero quien convierte su asiento un castillo no despierta con un tierno beso sino con un jaloneo y antes de terminar su bostezo y con los ojos entreabiertos tiene que pagar el pasaje.

  
Quienes se maquillan pese al inconstante movimiento, acercan un afilado lápiz negro a sus ojos seguros que no habrá un accidente que los ponga en peligro.


Quienes nos convierten en confidentes al revelarnos sus secretos gracias al altavoz de su celular o una de imprudente amiga que repite a gritos su conversación.


Quienes se besan, esos amantes que recordaran aquel bus para siempre, son como una escena de película mirándose, besándose, mirándose, nada les molesta, no existe nadie, los espectadores sienten que el tiempo se ha detenido. 

  
Los que reclaman, a quienes no les importa, los que leen un mensaje de texto para fingir no ver a una anciana, quienes empujan para desquitar sus iras antes de llegar al trabajo, quienes cantan a todo pulmón esperando ser descubiertos, quienes leen, quienes no saben a donde van, quienes no quieren llegar, quienes escriben las historias después de bajar del bus. 






Odio viajar en Trole y tengo argumentos


Fotografía: Carlos Pozo

Sábado 24 de julio, diez y media de la noche, destino: Plaza del Teatro, concierto Sudakaya.

Grito seguido de empujones, una sola frase provoca confusión, ira, indignación, malestar.

Quienes estamos ya dentro del Trole vemos asustados como una masa de gente intenta entrar por la única puerta abierta de este transporte, el controlador grita “0,50 centavos el pasaje, ¡0,50!” , las miradas de quienes quieren ser pasajeros se enfurecen, se miran entre si y como si lo hubieses planeado empiezan a empujar, el cobrador no piensa dejar que nadie pase así que responde a la reacción en masa con gritos y empujones que llegan hasta una señora con un niño en brazos.

La escena se repite en la siguiente parada, pero ahora el enfrentamiento involucra a los pasajeros que desean salir y que obligatoriamente tienen que usar la puerta que está junto al chofer. Unos salen, otros entran, otros son detenidos y obligados a bajar, quienes salen deslizan con fuerza su cuerpo entre brazos y espaldas.

El corredor del Trole es otro escenario, estaba sentada casi al final y mire con un poco de temor todo el recorrido que tenía que hacer para llegar a la puerta designada por dos verdugos (a un conductor que maltrata de esta forma a sus pasajeros y a un controlador que no le importa más que reproducir las monedas que lleva en los bolsillos a costa de la necesidad de las personas no se les puede llamar de otra forma)

Un momento sentí que me faltaba el aire, escuche el llanto de un niño que luchaba por abrirse paso entre las piernas de quienes entraban y quienes salían, en ese momento el miedo se transformó en ira.

Fue el peor viaje de mi vida, ahora puedo argumentar el porque ODIO viajar en Trole. Razones:
- Vi como quienes tiene un poco de poder abusan de él y lo usan a su favor sin importarles nada.
- Fui testigo de la humillación que niños, hombres y mujeres sufrieron al tener que quedarse fuera del Trole por no tener 0,50 centavos.
- Realmente es inhumano que por una puerta de dos metros humanos entren 15 personas al mismo tiempo que salen 5 por el maldito capricho del conductor de facilitarle la tare a verdugo.

No podemos permitir que nos traten así, ¿por qué en una ciudad tan grande sólo hay buses hasta las ocho? ¿Después de las siete muchas personas tiene que esperar más de veinte minutos en las paradas expuestos a un asalto? ¿Por qué tenemos que conformarnos en viajar aplastados en el Ecovia o en el Trole? Necesitamos que mejore el sistema de transporte público, si no protestamos seguiremos siendo victimas de chóferes irresponsables e inhumanos, de asaltos en las paradas de bus, de carreras de buses. ¡Protestemos!

Fobia

Fotografía: Carlos Pozo

No soporto el ruido, no se que es más intolerable si el sonido de esa horrible melodía amplificada por viejos parlantes o el torck torck trock de una chatarra pintada de rojo y blanco circulando por la Seis de Diciembre.
Busco alguna manera escapar del ruido sin tener que bajar, y tu me ayudas tapando mis oídos con tus manos, no lo logras. Sin importar cuanto esfuerzo haga empiezo a desesperarme, necesito bajar. Creo que he descubierto una fobia, tengo miedo, pánico a estar encerrada en bus viejo que emite de cada una de sus latas un estruendo, tengo fobia al ruido fuerte, tengo fobia a pensar que tendré que esperar doce cuadras para poder huir de él.
¿Y si después de las doce cuadras se queda impregnado en mi y lo sigo escuchando? Tomo tu mano y salgo corriendo, mientras se aleja de mi siento pena por los cuatro pasajeros que con la mirada perdida decidieron no dejar sus asientos porque ya están acostumbrados a que el leitmotiv de su viaje sea ese.