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La envidia de verte dormir

Trabaje por ocho horas, al igual que el señor de mi lado y de las dos jóvenes cajeras que luchan por sostenerse de espaldar de las bancas ocupadas, mientras tú duermes, duermes placidamente, arrimas tu cabeza al frío e incomodo tubo del espaldar y duermes.

 Perdón, ni yo ni el resto de pasajeros parados queremos interrumpir tu sueño, tampoco deseamos pasar por irrespetuosos pero es imposible no mirarte dormir con tanta placidez a pesar del inesperado frenazo, el llanto de la niña y la música que sale de los audífonos de tu compañero de asiento.

Dormir en el bus es un placer, uno sabe el momento oportuno en que debe abrir los ojos y sin penumbras en el camino llega a su parada.

Tipos de pasajeros

Quienes duermen acurrucados, y hacen del frío espaldar su cómoda almohada. - Señorita, señorita, señorita, pasaje. En toda historia donde existe una bella durmiente no puede faltar el príncipe, pero quien convierte su asiento un castillo no despierta con un tierno beso sino con un jaloneo y antes de terminar su bostezo y con los ojos entreabiertos tiene que pagar el pasaje.

  
Quienes se maquillan pese al inconstante movimiento, acercan un afilado lápiz negro a sus ojos seguros que no habrá un accidente que los ponga en peligro.


Quienes nos convierten en confidentes al revelarnos sus secretos gracias al altavoz de su celular o una de imprudente amiga que repite a gritos su conversación.


Quienes se besan, esos amantes que recordaran aquel bus para siempre, son como una escena de película mirándose, besándose, mirándose, nada les molesta, no existe nadie, los espectadores sienten que el tiempo se ha detenido. 

  
Los que reclaman, a quienes no les importa, los que leen un mensaje de texto para fingir no ver a una anciana, quienes empujan para desquitar sus iras antes de llegar al trabajo, quienes cantan a todo pulmón esperando ser descubiertos, quienes leen, quienes no saben a donde van, quienes no quieren llegar, quienes escriben las historias después de bajar del bus.